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Sáhara: ¡es hora de actuar!. Firmas por el pueblo saharaui

El pasado mes de julio se entregaba una carta al
Presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero.
La iniciativa surgía de un grupo de escritores y
periodistas a favor de la causa saharaui.

La carta fue firmada por 190 escritores y escritoras,
a favor del Pueblo Saharaui (Rosa Montero, Manuel
Rivas, Rosa Regás, Riszard Kapuscinski, Anna
Tortajada, Javier Reverte, Suso de Toro, José Antonio
Labordeta, Clara Janés, Fernando Sánchez Dragó, Limam
Boicha... y muchos más).
Ahora os pedimos a todos que participéis.

La web de UmDraiga, Asociación de Amigos del Pueblo
Saharaui de Aragón acoge un formulario para que
firméis a favor de esta iniciativa.

Os pedimos que participéis y difundáis esta
información.

Podéis firmar en:

http://www.umdraiga.com/acciones/cartazapatero.asp

Carta al Sr. José Luis Rodríguez Zapatero Presidente
del Gobierno Español

Sr. José Luis Rodríguez Zapatero
Presidente del Gobierno Español
Señor Presidente:

El sostenimiento de la paz, el cumplimiento de las
resoluciones de Naciones Unidas y la búsqueda de
soluciones justas le llevó a Vd. a adoptar como
primera medida de su Gobierno la retirada de las
tropas españolas en Irak. Vd. sabía que esa decisión
era reclamada y respaldada por una mayoría del pueblo
español. Nos satisface que nuestro país se coloque en
primera línea en la batalla por la justicia en el
mundo, la única batalla que merece la pena librar.

Estamos al tanto de sus manifestaciones, y de las de
algunos miembros de su Gobierno, acerca de la
situación de los saharauis que sobreviven en los
campamentos de refugiados de Tinduf. Los firmantes,
vinculados personal, afectiva y profesionalmente con
el Sáhara Occidental, reclamamos de Vd. un paso
adelante en el cumplimiento de las resoluciones de
Naciones Unidas, que han fallado en varias ocasiones y
desde 1963 a favor de la autodeterminación del Pueblo
Saharaui, cuando consideró a España como potencia
administradora.

Queremos ahorrarle una prolija enumeración de
resoluciones, negociaciones, acuerdos incumplidos y
referendums nunca celebrados. Tanto Vd. como el
Ministro de Asuntos Exteriores conocen o tienen a su
disposición el historial del conflicto y de la carga
de sangre, dolor y desarraigo durante estos
veintinueve años, que pueden resumirse en tres hechos:

1. España, debido a circunstancias políticas que no
merece la pena recordar pero que no tienen
justificación ética, abandonó ignominiosamente a su
suerte al Pueblo Saharaui, con el que estuvo vinculado
durante más de cien años.

2. Después de la guerra desigual que el Pueblo
Saharaui mantuvo con Mauritania por un lado y con
Marruecos por otro, y una vez firmados los acuerdos de
paz, numerosas resoluciones de Naciones Unidas han
reafirmado el derecho a la Autodeterminación del
Pueblo Saharaui, con negociaciones que llevaron a los
sucesivos Planes Baker, acuerdos que han sido
sistemáticamente incumplidos por Marruecos.

3. Casi treinta años después de los Acuerdos de
Madrid, doscientos mil saharauis, de ancianos a niños,
malviven en los campamentos de refugiados, reclamando
desde el desierto el cumplimiento de estos acuerdos
internacionales.

Los sucesivos Gobiernos españoles, desde 1975 hasta
ahora, han mantenido estos años posiciones ambiguas,
cuando no contradictorias. Por respeto, y porque no
sirve de nada evocar el pasado, también vamos a
ahorrarle referirnos a titubeos políticos que no han
servido más que para diferir una solución justa al
conflicto. Es hora de mirar hacia el futuro y
consolidar una línea política que, en sintonía con lo
decidido con nuestras tropas en Irak, haga prevalecer
la justicia por encima de la ilegalidad, el derecho
internacional frente al uso de la fuerza.

En nuestro país, la corriente de solidaridad con el
Pueblo Saharaui forma un río crecido, aunque en
ocasiones silencioso. Quizá contagiados por la misma
paciencia saharaui, los miles de familias que acogen
durante los veranos a niños saharauis del proyecto
Vacaciones en paz, quienes visitamos los campamentos
de refugiados, fotografiamos las jaimas, escribimos
sobre sus habitantes o su cultura, rescatamos sus
tradiciones, participamos en actos de solidaridad...
siempre hemos pensado que tarde o temprano prevalecerá
la justicia.

Pero ya se hace tarde y no podemos esperar más. Casi
treinta años viviendo en el desierto han dado lugar a
una segunda generación de niños saharauis que no
conocen más horizonte que la hamada y no tienen otro
sueño que regresar a su país. Estos niños estudian en
hassanía y en español, y sus poetas escriben y
publican en nuestra misma lengua. No podemos esperar
ya que azarosas circunstancias de la política
internacional permitan poner sobre la mesa un problema
tan estremecedor como el de un pueblo que un año más,
un verano más, espera sobrevivir al bochorno del
desierto.

Es posible que a los saharauis aún les quede lugar
para la paciencia, pero nosotros creemos que ya ha
llegado la hora. Los firmantes nos dirigimos a Vd.
para reclamar que su Gobierno apueste clara e
inequívocamente por el cumplimiento del derecho
internacional en el caso del Pueblo Saharaui. Como Vd.
ha demostrado hace poco, uno no puede situarse en una
posición equidistante del agresor y de la víctima. La
responsabilidad ética con los saharauis debe colocarse
a la misma altura a la que ellos, los saharauis,
manifiestan sus vínculos y su confianza en el pueblo
español.

Esperamos que en un inmediato futuro Vd. y su Gobierno
utilicen su palabra y su prestigio para comprometerse
con esta causa justa. Que utilicen sus buenos oficios,
públicos unos y secretos otros, para solucionar en los
ámbitos correspondientes un conflicto que España
planteó y que España debe contribuir a resolver. Al
tiempo que nos dirigimos a Vd. nos pondremos contacto
con el Ministro de Asuntos Exteriores y las Ministras
de Educación y Cultura para exigir soluciones de
asuntos urgentes que afectan a sus respectivas
competencias.

Disponen Vds. de un capital político que administrar y
acrecentar. Nuestro país es solidario con la causa
saharaui, aunque este sea un asunto que nunca aparezca
en las encuestas de opinión. Confiamos que respondan a
este sentimiento que, además, tiene un sentido de
estricta justicia.

Atentamente:

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